16.9.09

Del archivo: nota en revista Caretas sobre Respira de Eduardo Adrianzén


Rescato de mi archivo personal esta nota que publiqué en Caretas el 28 de mayo de 2009 comentando la obra de Eduardo Adrianzén. Se publicó con el título Ni ser ni no
ser, quizás con algunas palabras menos.





Ni ser ni no ser

Frente a una piscina, de golpe, Mario -un hombre del que no sabemos nada- descubre que su existencia no tiene sentido. Se paraliza y revisa a grandes rasgos su propia vida, como los ahogados antes de morir, y entiende de pronto que el tren de la historia pasó por la sala de su casa y pese a ello nunca se aventuró a viajar en él, a ser parte de nada, a buscar felicidad ni justicia.
Eduardo Adrianzén cuenta –en esta obra emocionante que se presenta en el Teatro Británico- la historia de un cobarde que tiene la oportunidad de ser parte de los eventos históricos más importantes de los últimos 30 años pero logra escamotearlos fabricándose una filosofía llena de dolor y a la vez, de comodidad. Adrianzén construye un personaje tan entrañable como despreciable, un hombre que no asume compromisos y no cree en nada de lo que guía a quienes lo rodean: ni en Dios, ni en el socialismo, ni en sus propios padres.
El pensamiento de Mario Atienza, el personaje protagónico con el que se luce Leonardo Torres, es tan simple como efectivo: desarticular toda ideología y posibilidad de compromiso buscándole los defectos a cualquiera de los seres humanos que las defienden. Así, por ejemplo, Mario reduce la historia de la izquierda de fines del siglo XX a una sucesión de vivezas y pleitos protagonizados por su padre, un limeño cunda que el niño Marito ve medrar y lucirse pero del cual no recibe un ejemplo aleccionador. Lo mismo pasa con la religión católica, el senderismo y todo lo que se cruce por delante: los curas son pederastas, los senderistas son ilusos y por eso, según él, no hay que creer en lo que defienden. Mario decide que no hay ideologías buenas porque la gente que las predica es imperfecta y no cumple con todo lo que dice. Esto lo mantiene a salvo y de paso le da pretexto para no ver nada bueno, para no aprender de nadie ni para buscar alguien que sí lo convenza de ser y de hacer.
Esta visión infantil permite un emotivo montaje de tipo serie adolescente que pasa con facilidad de las lágrimas a las carcajadas y que divierte y conmueve a todos, pues nos sentimos tocados por el dolor profundo de sus personajes (que mienten y se mienten todo el tiempo) y por la inocencia risible de Marito que resulta, a la larga, desesperante. Esta desesperación trágica es un aporte, pues salimos de la obra buscando en qué nos hemos frustrado y qué podríamos hacer para ser plenamente, para asumir compromisos, para vivir orgullosos no la vidita que nos toca sino la que elijamos. Nos vamos con las muchas preguntas que el hombre niño nos enrostra, pero a la vez desesperados porque Mario, desde el fondo de la piscina, no las podrá responder.

1 comentarios: